CON DERECHO A ROCE
¡Maldita oxitocina! (me he hecho adicta a un imbécil)
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17 / 05 / 2012
Llámale enamorarse, llámale engancharse o llámalo cómo quieras pero, en el fondo, hablamos de lo mismo: perder la cabeza por alguien que, sencillamente, no vale la pena. Y no vale la pena por eso, porque en el fondo, lejos de la cama, tienes una certeza: es gilipollas.
El problema es que, como mujeres, tenemos una manía: cogerles cariño a los hombres que pasan por nuestras sábanas.
Pero tranquilas, porque la culpa ni es vuestra ni de los ochocientos millones de comedias románticas que habéis ingerido en vuestras vidas, sino de una cosita muy graciosa y juguetona llamada oxitocina.
Lo confesaré: la primera vez que esta palabreja se cruzó en mi vida sentí un sentimiento liberador… ¡todo tiene una explicación científica!
Para no aburriros con tecnicismos os explicaré que la oxitocina es una hormona que actúa como neurotransmisor en nuestro cerebro, y que es conocida popularmente como ‘la hormona de los mimosos’ o ‘la molécula del amor’.
Básicamente, está demostrado que se libera en grandes cantidades durante el parto o el periodo de lactancia, generando cariño, pero, atención, algunos defienden que lo hace también durante el orgasmo.
¿No habéis sentido nunca la necesidad de chillar ‘te quiero’ a vuestro compañero de cama después de ese momento de placer aunque reflexionando bien no lo sintáis así? Pues no estáis locas, es la maldita oxitocina de las narices actuando de nuevo.
Por ello, a veces nos ocurren estas cosas: desarrollamos un vínculo sexual ‘x’ con una persona a la que, continuamente, le vamos descubriendo defectos o problemas. Lo grave es que, en el otro terreno, el meramente físico y carnal, las cosas van cada vez mejor. Y eso, amigas, es lo que hace que nos enganchemos.
Y es así cuando, de repente, usamos un prisma lejano para mirarnos desde fuera y darnos cuenta de que sí: no vale tanto la pena, en ocasiones incluso nos cae mal y seguramente podemos aspirar a algo mucho mejor. Pero ahí estamos, perdiendo la cabeza por él.
Mujeres del mundo, no os sintáis solas porque el problema no es solo vuestro sino de todas. O no, mentira: toda la culpa es de la maldita oxitocina. Huid mientras podáis. Cada orgasmo alcanzado hace un poquito más difícil el 'adiós'.
No podemos evitarlo, es cosa de la naturaleza. Escrito por: Lucía M.
Redmujer.com
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