Con derecho a roce • ¿Por qué nos gusta lo prohibido?: Cuando la tentación llama a tu puerta
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¿Por qué nos gusta lo prohibido?: Cuando la tentación llama a tu puerta

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22 / 08 / 2012

firma con derecho a roce

tentación.


(Del lat. temptatĭo, -ōnis).


1. f. Instigación o estímulo que induce el deseo de algo.


2. f. Persona, cosa o circunstancia que la provoca.


3. f. Rel. Solicitación al pecado inducida por el demonio.

 

 

 

La vida está llena de grandes preguntas a las que no nos cansamos de intentar dar respuesta. Nuestras conversaciones femeninas giran en torno a lo mismo, aún sabiendo que, por mucho darle vueltas al asunto, nunca daremos con la respuesta que nos lo aclare.

 

Están las clásicas y generalistas:¿por qué los hombres parecen tener un radar y aparecen en masa cuando no te interesan?

 

Las que provocan que te des cabezazos contra la pared mientras reflexionas sobre ellas:  ¿Es que son todos los hombres iguales? ¿Qué narices pasa por sus cabezas?

 

Pero todas, todas estas preguntas tienen ese punto de nexo en común: nos encanta hablar sobre ellas y, por mucho que lo hagamos, nunca llegaremos al fondo de la cuestión.

 

Entre todo el sinfín de asuntos sin resolver a las que podemos hacer referencia una noche cualquiera entre chicas, existe una con la que, seguramente, muchos hombres también se sientan identificados y es que, a pesar de todo, en el fondo no somos tan diferentes: ¿por qué nos gusta lo prohibido?

 

La prohibición no es algo nuevo ni exclusivo de nuestro tiempo: en la Bíblia, Adán y Eva sucumbieron a la tentación del fruto prohibido y fueron castigados por ello, y hasta el mismísimo Platón hizo referencia al asunto sentenciando que ‘sin lo prohibido todo sería un caos, y si todo fuese prohibido también sería un caos’.

 

La prohibición pone orden… y genera desorden. Solo hay que fijarse en las relaciones humanas:  ¿por qué siempre nos fijamos en los chicos malos? Porque sabemos que acercarnos a ellos podría suponernos un problema, pero la adrenalina que generan es nuestra tentación, nuestra particular manzana que nos mira y nos desafía.

 

Por ahí llegan, además, las infidelidades: la posibilidad de hacer algo que rompa nuestra monotonía, el cosquilleo de sentir que haces algo que no deberías estar haciendo. Por si las cosas no fueran ya de por sí suficientemente complicadas en lo que a las relaciones se refiere, nos vemos tentados constantemente a desafiar el orden de lo establecido. Si no, que se lo cuenten a Kristen Stewart, machacada mediáticamente en el último mes por darse unos besitos con el director de su última película mientras su particular vampiro, Robert Pattinson, la esperaba en casa.

 

Los hombres y las mujeres estamos llenos de preguntas sin respuesta que nos convierten, precisamente, en quienes somos: somos más humanos porque reflexionamos, más humanos porque discutimos y argumentamos y más humanos, por qué no, porque nos tentamos.

 

Me temo que la respuesta a la gran pregunta quedará siempre en el aire. Mientras tanto, lo único que nos queda es seguir dándole vueltas al asunto y, por qué no, decidir si caemos en la tentación o nos prohibimos sucumbir a ella. Solo tenemos algo claro y es que, pase lo que pase, siempre tenemos elección.

 

 

 

 

Escrito por: Lucía M.
Redmujer.com
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