Con derecho a roce • ¿Por qué siempre me fijo en los chicos malos?
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¿Por qué siempre me fijo en los chicos malos?

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03 / 04 / 2012

firma con derecho a roce

El otro día llegó a mis manos un libro que me hizo pensar. Se llama ‘Hombres tóxicos’ y está escrito por Lillian Glass, quien ha resultado ser además la autora de un bestseller llamado ‘Relaciones tóxicas’ , en torno a la misma temática.


Lo que me viene a la cabeza ahora es lo siguiente: no solo invertimos mucho tiempo en darle vueltas a este asunto, ya sea en soledad o en las clásicas y repetitivas conversaciones sobre relaciones que solemos tener algunas mujeres (en las que, por cierto, nunca llega a sacarse nada en claro), sino que además ¡invertimos dinero en el mismo tema!

 

‘Diez maneras de identificar, tratar y recuperarse de los hombres que nos hacen la vida imposible’ es el subtítulo de la obra en cuestión donde, para empezar, se nos dan tres reflexiones iniciales para introducirnos en el tema y, más importante aún, para ser capaces de analizar las relaciones que tenemos con los hombres que nos rodean y evaluar su grado de toxicidad.

 

Un hombre tóxico es, a grandes rasgos y según la autora, un hombre que 1.- te provoca emociones negativas; 2.- se porta mal contigo o no te trata bien y 3.- te hace sentir mal contigo misma, lo que afecta a tu comportamiento y  a tu autoestima.

 

Y ahora nos preguntamos… ¿Con cuántos hombres nos hemos relacionado que no hayan cumplido, al menos una vez, alguna de estas tres premisas? Y nosotras, ¿no hemos cumplido a veces el mismo papel?
Sea como fuere, podemos trazar una línea clara hasta el siguiente punto de la reflexión: ¿por qué siempre nos fijamos en los chicos malos?

 

Ni hablamos de James Deans en potencia ni nada extremadamente explícito, entiéndase, pero ese deje de malote siempre nos ha resultado especialmente atractivo y misterioso aunque, todo sea dicho, estos ‘chicos malos’ suelen pecar de problemas tan comunes en algunos individuos del género masculino como hablar demasiado de sí mismos, por ejemplo.

 

Planteemos ahora la situación hipotética A con una servidora: Lucía conoce a lo que podríamos denominar, así dicho llanamente,  un ‘gilipollas emocional’ con el que existe mucha química sexual y quizás un poquito menos de conversación. Como era de esperar, Lucía terminará recriminándose el haber continuado su relación de tipo ‘x’ (‘x’ porque no sabemos cómo denominarla, entiéndase) durante ‘x’ tiempo y, después de un tiempo, decidirá poner fin a ese asunto. Eso, si tiene la suerte de ser ella la que lo haga, lo que facilita un poquito más las cosas a nivel de autoestima.

 

Tras ese episodio, Lucía invertirá muchas conversaciones, quizás horas, en intentar desgranar en su cabeza y en  las de los demás qué tipo de problema tenía ese individuo, y se prometerá a sí misma concentrarse solo en los que merezcan la pena y no lleven imprimida la palabra ‘tóxico’ en la frente.

 

Pasado un tiempo, un segundo individuo se cruzará en su camino. Este, seguramente, cumpla todas las características que Lucía andaba buscando y, automáticamente, perderá el interés para ella.

 

Aquí y ahora podrían darse tres situaciones: Lucía podría sentir que le falta algo y no darle la oportunidad de seguir conociéndose; dos, Lucía podría continuar conociéndolo para terminar concluyendo que la faceta de toxicidad, simplemente, tenía que tardar un pelín más de tiempo en salir a la superficie o tres, Lucía podría seguir conociéndole, casarse con él y tener muchos bebés  y una vida próspera y feliz.

 

El mundo de las relaciones es complicado. Ni sabemos por qué nos van los chicos malos, ni por qué perdemos el interés rápidamente con los buenos. Un par de cosas, sin embargo, sí nos quedan claras: deberíamos escucharnos un poquito más a nosotras mismas en los momentos de ‘bajona’ sentimental (especialmente cuando lo que nos decimos es más bien feo y desagradable), por un lado, y queridas, no nos habíamos dado cuenta de que, a veces, podemos resultar tan tóxicas como ellos. Por ejemplo, con nosotras mismas. Todo depende de la perspectiva desde la que analicemos.

Escrito por: Lucía M.
Redmujer.com
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