Con derecho a roce • Tú y yo deberíamos casarnos
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CON DERECHO A ROCE

Tú y yo deberíamos casarnos

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12 / 09 / 2012

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No soy amiga de los pastelones. No me confundáis, disfruto viendo ‘Bridget Jones’, por ejemplo, pero hay ciertas cosas que siguen pareciéndome un auténtico despropósito: las fotos en pareja inundando el Timeline de Facebook y, en general, cualquier demostración pública de afecto con las palabras ‘Cari’ o ‘tesoro’ de por medio (aunque, de nuevo, confieso haber caído en alguno de estos tópicos en el pasado. Completamente cegada por el amor, por supuesto).

 

Pero hoy haré una excepción.  He tenido una revelación y, por la imposibilidad de que estas palabras salgan por mi boca, por ser como soy y por el posible terror automático que causarían en mi interlocutor, he decidido ponerlas por escrito. Y aquí van.

 

La cosa se reduce a lo siguiente: Creo que tú y yo deberíamos casarnos. Y lo sé por varias razones. Primera, porque hasta el momento de conocerte pensé que no encontraría otra vez a alguien con quien existiera una conexión como esta. Me dediqué a llenar mi agenda de posibles sustitutos a otra persona, a pasar el rato. Buenos ratos, claro que sí, pero ratos al fin y al cabo.

 

Quizás aún no seas consciente de lo que significa esta revelación mística. Quizás tu corta experiencia en el amor te hace  pensar que lo que ha habido entre tú y yo es lo normal, lo que ocurre cuando dos personas se conocen y pasan las tardes juntos. Permíteme explicarte que no, no siempre funciona de la misma manera y no siempre se corre esa suerte.

 

No creo en las medias naranjas y, en todo caso, si existen debe existir más de una para cada uno. Primero, porque me niego a pensar que no vaya a haber más amor para mí nunca más, y segundo, porque el mundo y las personas somos demasiado complejos como para reducirnos de esa forma.

 

Dicho esto, tú sí eres una de mis (digamos 100) medias naranjas. Y ni siquiera te has dado cuenta aunque quizás, en el fondo de tu persona, lo intuyes. Lo sé por cómo nos miramos, lo sé por cómo somos capaces de hablar durante horas sin cansarnos, lo sé por la complicidad que surgió entre nosotros desde el minuto dos, lo sé por ser capaces de pasar horas besándonos y lo sé porque, cada historia que me cuentas, me parece maravillosa y apasionante y hace que te admire todavía un poco más.

 

Quien diga que no ha pensado en casarse nunca, miente. Yo misma, aún con mi cinismo ocasional, he pasado muchas horas de mi vida imaginándolo. Y seguramente, si mi yo de 10 años me mirara por un agujero ahora mismo, me advertiría de que no lo hiciera contigo. No cumples mis ‘ideales’ de lo ‘casable’ pero eres, seguramente, una de las personas más especiales que se ha cruzado por mi camino.  Por eso, aunque tú no lo sepas y seguramente no lo descubrirás nunca, tú y yo deberíamos casarnos.

 

Escrito por: Lucía M.
Redmujer.com
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